BODEGAS RURALES: LA SANGRE Y EL SUDOR DE NUESTRA TIERRA
En torno al vino se consagran liturgias, se confirman pasiones, se sellan pactos, se consuman veladas, se tejen traiciones, se riegan manjares, se brinda a la vida. El vino afloja a los lenguaraces, relaja a los lasos o enerva a los tensos, apacigua conciencias y reafirma voluntades.

A través del vino nos comunicamos con quienes brindamos, pero también con quienes no podemos brindar. El vino es capaz de ponernos en contacto con la emoción más humana y con la fe más divina.
El vino, tan mediterráneo, tan universal. Tan nuestro.
La cultura del vino. Qué cosa tan moderna y a la vez tan atávica.
Nuestra tierra, sembrada por capilares de vides, no se ha cansado durante siglos de ofrecernos su sangre, destilada en nuestros caldos tintos. Y por esa piel del terruño, por cada poro de nuestras cepas, emana su transpiración embotellada en vinos blancos. Es la sangre y el sudor de nuestra tierra.
Castilla-La Mancha, con una de las mayores extensiones continuadas de viñedos del planeta, parecía rendirse lentamente a las normativas paneuropeas y ceder terreno fértil al arranque subvenvionado.
La paradoja es que, mientras el consumo mundial de caldos se incrementa, aquí se nos insta a decapitar viñedos, cuando lo más sensato parece aprovechar nuestra experiencia para impulsar una producción y una promoción a la altura de nuestra historia y nuestra tradición vitivinícola.
Pero esta tierra no se rinde fácilmente. Aun a riesgo de quedar exangúe y exhausta, seguirá ofreciéndonos su sangre y su sudor sin pedir a cambio más que atención, mimo y algo de constancia.
Porque una generación de nuevos bodegueros -algunos grandes, otros pequeños-, parece decidida a ejercer de galenos enológicos para sanar las heridas de nuestros viñedos y no dejar morir a algo tan nuestro como la cultura del vino. Son los nuevos quijotes, pero con los pies en las vides.
Tanto las bodegas con tradición como las que se han sumado a esta aventura contracorriente, han encontrado un nexo de unión en dos sectores que ya están revitalizando gran parte de nuestra geografía: el Turismo Rural y el Turismo Enológico. Alojamientos y restaurantes con un encanto único que acogen a viajeros dispuestos a descubrir, además, el atractivo mundo de las bodegas.
Prepararense a disrutar (como se disfruta de un buen vino), de un viaje apasionante. Con todos los sentidos.












